Sobre mi

Me llamo Pilar, soy de Mar del Plata, Argentina, pero me considero nómada hace varios años… En este momento tendría que estar en Australia transitando un segundo año de visa de trabajo pero, #coronavirus je.

Soy una persona inquieta, curiosa, pasional, observadora e intuitiva. Me cuestan las injusticias o las reglas sin sentido. Me molestan los ruidos fuertes. No soy muy del café, más bien mate y té. Estoy en el camino de volver a lo artesanal, dejando de lado todo lo industrial. Me gusta mucho sacar fotos y escribir. Me encantan las personas, charlar mucho y profundo. Amo la filosofía barata y soy fan del helado, la palta y el tomate. Soy amiguera y familiera. Bastante sociable, a veces me cuesta la soledad. Me gusta leer y a veces cocinar. Me considero un tanto soberbia (defecto a trabajar) y trato de no prejuzgar.

Un poco de mi historia…

Crecí en Mar del Plata y eso me legó un fuerte amor y devoción por el mar. Ese inmenso manto azul es hoy mi brújula de viaje. Cuando terminé el colegio me fui a vivir a Bs As en donde estudié Comunicación Social y trabajé de distintas cosas. A mediados del año 2014 decidí dejar mis estudios formales y optar por estudios informales: viajar. Junto con mi novio de aquel entonces y pareja hoy en día, nos lanzamos a la aventura de vivir 1 año en Nueva Zelanda. Fue una experiencia revolucionaria. Un antes y un después. Año y medio viajando y con un poco de extrañitis tocando mi puerta, empezé a pensar en un regreso a tierras nativas. Sobre principios de 2016 recibí una oferta laboral muy interesante, que sirvió de determinante para volver a Bs As y probar la rutina citadina nuevamente.

El trabajo consistía en acompañar ideas y emprendedores sociales que querían hacer de este mundo, un lugar mejor. Me enamoré de todo. Conocí un mundo nuevo y con él, una forma de darle sentido a mi día a día en Bs As.

Pasaron los años y el virus del viajero fue creciendo nuevamente en mi. Todo el 2017 y parte del 2018 mantuve mi relación a distancia, razón importante por la cual decidí volver a irme de viaje a mediados del 2018. Había algo que me faltaba…Me encantaba el trabajo, pero extrañaba esa vida nómada, más desapegada, con menos pertenencias y más experiencias.

Entonces el 2018 me llevó a Australia (país del cual me había enamorado en una visita de 2 meses a mi novio el verano anterior). Manly me recibió con los brazos abiertos, como de costumbre. Y pasé gran parte de mi año viviendo a 2 cuadras de la playa, en ojotas y rodeada de amor.

Sin embargo, algo seguía haciendo ruido en mi interior… Un hermoso proceso de coaching y una persona muy especial, me ayudaron a identificar qué era aquello que me alejaba del equilibrio interior.

Algunos años previos a este proceso, durante una sesión de psicólogo, me di cuenta que me sentía escindida, que alojaba 2 Pilis: una Pili más estructurada, cómoda, que se desarrollaba profesionalmente, más seria, con menos amigos y más responsabilidades, que identificaba con el color AZUL. Y, del otro lado, una Pili más ligera, espontánea, aventurera, más conectada con el presente y el fluir, que identificaba con el color AMARILLO.

AZUL + AMARILLO = VERDE. ¡PUM!, de repente todo cobraba sentido. Era eso, necesitaba encontrar mi verde. Pero, ¿cómo? ¿qué era ese verde? ¿qué me estaba reteniendo de encontrarlo? Y así la lista de preguntas seguía. Preguntas clave para delinear ese camino verdoso que se avecinaba.

VERDE:

El verde es la intersección de lo que soy, lo que me gusta hacer y lo que me sale bien. En un contexto nómade, de estilo de vida viajero.
En esa intersección hay creatividad, hay equilibrio, hay expansión, realización, motivación.
También hay frustración, pero de esa que sirve como motor de aprendizaje. Hay espíritu crítico, hay pensamiento, emoción y sentimientos.
Hay inspiración.
Hay paz.
Hay lugar para crear, para unir y para conjugar todo esto y sacarlo al mundo, exteriorizarlo, compartirlo. Compartirme, darme.

El verde es algo para mi que sale de mi.

El verde se gesta en un estilo de vida nómade, viajero, libre, espontáneo y flexible. Un contexto desprejuiciado, abierto a las oportunidades, flexible, social. Pero necesita de una organización y planificación que aseguren la constancia, permitiendo su avance.
El verde observa y absorbe los elementos del exterior para reflexionarlos en la introspección y compartirlos a través de la comunicación.

El verde no se limita a una idea, a un proyecto o a un concepto. Es el espacio que permite la creación de cualquier iniciativa que reúna todo lo anterior.

Y así fue como nació este espacio, como parte del primer producto de este VERDE.

En octubre del año pasado decidimos volver a Argentina de visita unos meses por cuestiones personales y a casarnos en diciembre. Después vino el viaje de miel y de repente nos inmovilizó la pandemia.

Hoy me encuentro de nuevo en Bs As (último lugar en donde hubiese elegido pasar una cuarentena, curioso no?). Esperando, como todos, que esto acabe para surgir en un nuevo estilo y forma de vida. Poder retomar mi vida nómade, y seguir cosechando verdes por ahí.



Construyamos algo juntos.

¿Tenés alguna historia para contar? ¿Conocés a alguien que está generando impacto positivo y querés compartirlo? ¿Se te ocurre alguna idea para que colaboremos juntos?

Escribime

verhistoriasde@gmail.com