Reflexiones

Más autenticidad, menos estereotipo

Se conoce con el nombre de estereotipo (del griego: [stereós], «sólido», y [typos], «impresión, molde»)​ a la percepción exagerada y con pocos detalles, simplificada, que se tiene sobre una persona o grupo de personas que comparten ciertas características, cualidades y habilidades, que busca «justificar o racionalizar una cierta conducta en relación a determinada categoría social».

​Regularmente los estereotipos son basados en prejuicios que la sociedad establece conforme su ideología de «modelo a seguir» de conducta o características físicas, estos van cambiando conforme el paso del tiempo.

El término se usa a menudo en un sentido negativo, considerándose que los estereotipos son creencias ilógicas que limitan la creatividad y que sólo se pueden cambiar mediante el razonamiento personal sobre ese tema. Los estereotipos son alegatos comunes del pasado. Incluyen una amplia variedad de alegaciones sobre diversos grupos raciales y predicciones de comportamiento basadas en el estatus social o la riqueza. Son esquemas de pensamiento o esquemas lingüísticos pre construidos que comparten los individuos de una misma comunidad social o cultural

Foto propia del suelo del campo en donde trabajé en Australia

¿Les re suena algo de esto? ¿Alguna vez se sintieron “parte de un estereotipo”? ¿Alguna vez juzgaron a alguien basándose en estereotipos?

Yo si. Muchas veces me juzgué por sentir que había ciertas características de mi personalidad que parecían inconexas. Gustos, intereses, que “según la norma, el estereotipo” no debían ir juntas. Ejemplo de esto era ir a misa y disfrutar de mi sexualidad. O, que me guste bailar y jugar al hockey. O, ser muy sociable y disfrutar de mi soledad… 

Que me guste vivir de viaje pero disfrutar también de la estructura o la estabilidad. Ser espontánea a veces y planificadora otras. Ser profunda pero también disfrutar de algunas banalidades. Ser un poco de esto, pero también un poco de aquello…

Todo esto me produjo siempre bastante angustia interior. Muchas veces sentía que “no encajaba” porque siempre había que “encajar”. ¡Que verbo más terrible! En-cajar, meternos en una caja. 

Acá estoy yo, des encajada, de paseo por los bosques australianos

Claro, es que eso es lo que se busca, que todos/as “encajemos”, porque organizados/as en estereotipos somos mucho más fácil de manejar, de modelar, de adoctrinar. Entonces cuando te sentís que empatizas con ideas del grupo A pero también con ideas del grupo B, te quebras. Caes en un vacío existencial que te impide elogiar tu heterogeneidad. 

La diversidad es rica. Y no solamente para el afuera, para los grupos de personas de lo que sea, sino, para adentro. Ser diversos, reconocer nuestras distintas facetas, caras, gustos, intereses, aunque parezcan opuestos, es nuestra mayor riqueza.

Porque en la diversidad encontramos autenticidad. En lo distinto, nos reafirmamos. Requiere mucha conciencia y valentía aceptar y exteriorizar nuestra diversidad, y eso, nos vuelve más auténticos y reales. Aceptar que somos un engranaje, nuestro propio engranaje, que se nutre de distintas raíces y que da distintos frutos, es muy gratificante. Y nos permite darnos cuenta de que somos capaces de crear y de crearnos de mil maneras distintas, dando lugar al cambio y al movimiento. 

Porque en definitiva, todos/as somos diversos/as. Y eso es lo que nos hace únicos e interesantes.

Aceptar nuestra diversidad nos permite también poder verla en los/as otros/as y así juzgar menos y empatizar más.

Foto propia de una bella flor del campo en donde trabajé en Australia

Fuente sobre el significado de estereotipo: https://es.wikipedia.org/wiki/Estereotipo

Reflexiones

1 año por acá

Yo celebrando en la playa de arena más blanca de Australia: Hyams Beach

Hace poquito cumplí 1 año en este espacio. 

1 año de algo que se materializó en este medio pero que se viene gestando en mi hace bastante tiempo antes… Una idea que empezó solamente así: como idea. Sin tener muy en claro cómo iba a lograr lo que tenía en mente: inspirar a través de historias. Porque creo en el increíble poder que tienen las historias para transformar vidas e inspirar cambios de hábito. Sin abandonar el espíritu crítico, convocar a la acción a través del ejemplo.

Por suerte, no tenía claro el camino, y lo fui armando a medida que distintas oportunidades me iban interpelando. Y aprendí que marcar el camino sirve solamente para impulsar la caminata, pero que, como en la vida misma, el camino cambia. Hay muchos factores que nos exceden y no podemos controlar. Y quizás, esos obstáculos se vuelven oportunidades que nos hacen crecer y mejorar. Así que me entregué y acá sigo, entregada y confiada a lo que el camino me quiera mostrar.

Leyendo las distintas historias que tuve el orgullo de conocer e interpretar a través de mis palabras, vuelvo siempre, como un espiral, a la misma conclusión que tanto confort me da: y es que, todas esas personas me inspiran. Y para mi, ya eso hace que este espacio cobre sentido. Si con la excusa de hacer una publicación en verde, pude contectarme con gente tan pasional, abierta, colaborativa, amorosa y comprometida, valió la pena. Y si todo esto, sirve para inspirar a alguien más, el efecto se multiplica y mi satisfacción se eleva.

Si algo aprendí es que no hace falta tener grandes ambiciones ni ser el/la mejor en lo que se hace, sino, simplemente, estar conectada y seguir eso que arde en nuestro interior. Conectarnos con nuestros intereses y creencias más íntimas, y darles lugar. Porque es desde ahí, desde la pasión y el amor, desde donde se gestan los grande cambios 

¡Gracias a todxs lxs que me acompañan, a todas las personas que en este camino tuve el privilegio de conocer y a todas las que todavía no me crucé!

Pero sobre todo, gracias a todxs las personas que ponen su corazón al servicio de cuidarnos, cuidando la naturaleza y el planeta que nos alberga.

Reflexiones

Soy hipócrita

Foto propia sacada en Cabo Polonio, Uruguay

A veces me enojo conmigo. Siento que no estoy haciendo suficiente, o que quizás no hay suficientes. Siento que promulgo y comparto muchas prácticas que todavía no pude incorporar completamente. Que muchas de las cosas que creo, no las aplico. Me juzgo desde un lugar de autoexigencia que en realidad no deseo, ni quiero tener cerca. Pero mi ego y mi vanidad me juegan una mala pasada y me nublan lo verdaderamente importante: aceptar que soy una hipócrita y convivir armónicamente con eso.

Al fin y al cabo, todxs somos un poco hipócritas y si nos amigamos con esa idea en vez de combatirla, vamos a encontrar poder en donde antes encontrábamos juicio. 

No tengo, ni tenemos, la culpa de haber nacido en la cultura del descarte, del consumismo desmedido y de la incongruencia con la naturaleza… Pero, por suerte, pude, pudimos, abrir los ojos. Los procesos de cuestionamiento, ruptura y cambios, no son simples. Son complejos y profundos. Se dan en momentos que a veces no controlamos, sino que nos controlan… Y eso, no está mal. Es también, saber vivir con los propios procesos de cambios, cíclicos e íntegros. 

Creo también que los verdaderos cambios de hábitos se dan a partir de intereses genuinos y convicciones fuertes. Que su profundidad se plasma en el arraigo a lo nuevo y el desarraigo a lo que traigo. Ese proceso, para que sea realmente verdadero y pueda echar raíces, lleva su tiempo.Y depende de muchos factores, no solamente de abrir los ojos y darnos cuenta de lo que nos molesta o no nos gusta.

Así que si, soy hipócrita. Pero tengo claro mi camino. Conozco mi horizonte y soy consciente de que es un camino sinuoso, pero que estoy dispuesta a transitarlo porque lo que me mueve a seguir caminando, nace de mi convicción.

Comprendo, entiendo, que el cambio tiene que ser auténtico y verdadero. Y para transitar esa verdad, me tengo que amigar con la idea de que no se llega al norte sin atravesar con sincera voluntad todo lo que el camino tiene para enseñarme.

¿Qué piensan al respecto? ¿Se sienten hipócritas? ¿Cómo lo manejan?


Reflexiones

¿Qué hace que seamos personas más conscientes ambientalmente?

Foto propia de mi ciudad: Mar del Plata, Argentina (zona sur, acantilados)

Estas y otras preguntas dan vueltas en mi cabeza estos días. Pienso en las personas que, teniendo acceso a la información, no logran hacer un cambio. Pienso que quizás no quieren, o que, simplemente, no les nace. Pienso entonces en cómo lograr que les nazca, cómo contagiar esa consciencia, esa armonía. 

¿Cuál será la clave?

Entonces, me acuerdo de la charla inspiradora que tuve con @ianevukosich y me di cuenta de algo…Cuando le pregunté cómo desarrollaron su relación con la basura, me contó que ambos, ella y su pareja, fueron criados en ambientes rodeados de naturaleza, y eso les hizo adquirir una conciencia ambiental que hoy siguen cultivando.

Esa idea me quedó retumbando… Y me puse a pensar en conversaciones anteriores que tuve. Por ejemplo, me acuerdo cuando @water.journey me contó cómo su relación con el agua la llevó a cuestionarse el plástico y la contaminación del río. 

Releo las historias que conocí, las comparo con la mia, y descubro el denominador común: EL CONTACTO CON LA NATURALEZA.

Claro, me van a decir que es obvio, pero quizás para alguien no lo es tanto. Ahí es cuando veo muy claro cómo la cercanía con la naturaleza, nos genera un sentimiento natural de querer cuidarla.

Entonces, concluyo, que si queremos ver cambios, que si queremos ser personas más sustentables, tenemos que conectarnos más con la naturaleza. La información de qué pasos dar primero, cómo reemplazar el plástico, cómo compostar, etc, está, se aprende. Pero cultivar la relación con la naturaleza pasa por la intimidad de cada unx. 

Si estás confundidx, si querés hacer un cambio y no sabes por dónde empezar, si las palabras “sustentabilidad, contaminación, medioambiente, ecología, sostenibilidad, etc” no te resuenan. Deja todo y conectá con el afuera. 

Ahí, en ese vínculo único y tuyo, ahí está la receta para una vida más consciente con el medioambiente. Porque nadie puede lastimar aquello que conoce y ama.


Reflexiones

“I think we’re here” / “Creo que estamos acá”

Foto propia sacada en Melbourne, Australia

Esta foto la saqué en algunas de las tantas calles grafiteadas de Melbourne, Australia.

Mucho antes de empezar con este proyecto, ya me sentía atraída por todo lo que tuviese que ver con nuestra planeta Tierra.

Este miércoles se celebra el #Díadelatierra, y a partir de hoy, a lo largo de esta semana, se estarán realizando distintas acciones e iniciativas relacionadas a la celebración de este día. 

Toda la comunicación de influencers, activistas y medios de sustentabilidad,va a estar orientada a difundir y concientizar sobre la importancia del cuidado del planeta.

Yo los quiero invitar a ir un paso más allá. A dejarse empapar por toda la data que va a estar dando vueltas para que los interpele y les llegue hasta su dimensión individual:

¿Cuál es mi relación con la Tierra?

¿Cómo es esa relación?

¿Cambiaría algo de esa relación?

¿Qué significa para mi “celebrar la Tierra”?

¿Qué lugar ocupa en mi día a día? 

¿Qué lugar quiero que ocupe?

¿Soy consciente de esa relación?

La lista de preguntas se extiende y me dan unas ganas tremendas de salir al mundo a vivir esa Tierra que tanto me/nos da.

Para mi la Tierra es cobijo, es amor, es sustento, es alimento, es motivación, es energía…

Es eso que nos sostiene, nos contiene, nos empuja, nos eleva y nos desafía. Es TODO. Tan obvio parece y tan poco claro lo reflejamos a veces.

Llevar una vida más consciente y armónica no tiene que ver solamente con reciclar o consumir menos plástico.

Tiene que ver con preguntarse, con cuestionarse, con ahondar en el vínculo individual que tengo con la naturaleza y todas sus dimensiones.

La Tierra es nuestra casa, no cabe la posibilidad de que no te relaciones con ella.

Está en vos, pensar en qué relación querés cultivar.


Reflexiones

Verdades partidas

Foto propia de una atardecer en Seal Rocks, Australia

Hace varios días que vengo leyendo y pensando en todas las noticias que estuvieron saliendo en relación a cuánto más limpio y sano estaba el planeta. “Que los cielos más claros, que bajó la contaminación notablemente, que hay más animales, que las aguas se ven más puras”, etc..

Todo muy lindo, si, a mi también me pone feliz y me encantan las fotos de los delfines saltando alegres o que en la India se pudo ver el Himalaya por primera vez después de no sé cuánto tiempo… pero también me preocupa.

Me preocupa que seamos presos del sensacionalismo y de la noticia fácil y que eso no nos permita ver más allá.

Es verdad que el planeta está respirando. Pero entonces, si es así ¿qué va a pasar cuando volvamos? No podemos volver a los mismos modelos de producción y consumo que nos trajeron a esta situación en primer lugar. NO PODEMOS. 

Disfrutemos de las fotos de la hermosa naturaleza (que tanto se extraña). Y, pongamos esas fotos de fondo de pantalla, colguemoslas en nuestro cuarto, miremos muchas veces esos videos, que ESO nos sirva de impulso y de recordatorio de que no queremos volver a vivir en un mundo en donde nos sorprenda el aire limpio o los animales sueltos. 

Que no queremos volver a un mundo en donde el respiro de la naturaleza sea producto de una pandemia.

Porque, estoy segura, que ahora más que nunca valoramos el verde, el mar, los animales, y el aire libre. Velemos por eso que nos hace felices. CUIDEMOSLO. Depende de todos eh, no solamente de las grandes corporaciones.

No es tan difícil, te juro que no. Te propongo que te pongas al menos 1 objetivo de cambio sustentable. Al menos 1. 

No hay excusas. Hay tiempo, solamente falta VOLUNTAD.


Reflexiones

El sueño de cuando volvamos

Foto propia después de hacer plogging en una playa de Australia

¿Vieron cuando recién acaban de terminar de limpiar el baño y no quieren ni lavarse las manos para no ensuciarlo? Como esperando que se mantenga impoluto por siempre. O,cuando tenemos toda la ropa prolijamente ordenada y elegimos la primer remera de la pila para no desordenar, aunque no combine con el pantalón…

Así siento que vamos a salir cuando termine todo esto. No queriendo casi pisar el pasto por miedo a dañarlo. Metiéndonos al mar cuidadosamente para no atropellar ningún pez. Andando descalzos para no ensuciar las calles. Yendo sigilosos para no espantar a los pájaros. Pidiendo permiso al entrar a cada parque, cada playa, cada pedacito de naturaleza. Porque va a estar todo puro, pulcro, embellecido, resplandeciente…

Foto propia después de hacer plogging en una playa de Australia

Entonces me acuerdo de esta playa, a la cual extraño y deseo. Y recuerdo estas fotos que saqué luego de una tormenta fuerte que dejó en evidencia nuestras malas costumbres. Cargando la orilla de nuestra ignorancia e irresponsabilidad. Tiñendo la arena de nuestros hábitos poco o nada sustentables. Dejando al descubierto nuestra más horrible huella: no tener en cuenta a la naturaleza.

Anhelo que estas imágenes sean cada vez menos frecuentes. Que esta crisis nos regale la magia del despertar, y de volver a sentirnos parte de la naturaleza, teniéndola en cuenta a cada paso que volvamos a dar.

Las crisis son oportunidades. Lejos de menospreciar lo que está pasando a nivel social, y teniendo en cuenta todas las pérdidas y las consecuencias negativas que este virus nos va a dejar, apunto a rescatar lo que puede traernos de bueno y lo que nos venga a enseñar.

Foto propia después de hacer plogging en una playa de Australia

Historias

Nati Mazzei – Ecointensa

Nati trabajando en su jardín

No recuerdo bien cómo llegué a Nati, seguramente fue rastreando cuentas de ambientalistas en instagram. Pero desde el primer momento hubo algo que me gustó e hizo que se vuelva una de mis cuentas de referencia en temas de sustentabilidad. Quizás fue su frescura, o la naturalidad con la que comunicaba, dos atributos que sobresalen fácilmente al recorrer sus publicaciones.

Nati se define como una ambientalista que dedica gran parte de su tiempo a difundir y compartir información útil para que más gente se anime a cambiar sus hábitos. ¿Lo logra? Hoy tiene más de 13mil seguidores en “ecointensa”, su cuenta de instagram. Lejos de reducir sus logros a la cantidad de seguidores, rescata el impacto individual que tiene en cada persona que empieza a seguirla. Las preguntas que recibe a diario,orientadas a dar respuesta a la motivación por lograr el cambio de hábito, es lo que permiten evaluar su éxito. 

Nati llevando sus reciclables

Al regresar de un largo viaje en el cual adoptó varios hábitos sustentables, la ecointensa, no pudo con su intensa necesidad de hacer de esos hábitos viajeros, hábitos de vida. Fue así como empezó un camino de investigación e información que la fue nutriendo para dar hoy testimonio de una vida más sostenible con ella, con el otro y con el planeta.

“La naturaleza, pisar el pasto descalza, ver nacer brotes, los abejorros yendo de flor en flor”, son el principio y el fin de un mismo objetivo: lograr vivir una vida más armónica para evitar así, que estos pequeños placeres, también se extingan.

Nati Mazzei

“Se llega más lejos en equipo que aisladamente”, así responde Nati a la pregunta de qué aprendiste. Más allá de la cantidad de conceptos e información que sumó a su caja de herramientas sustentables, la ecointesa, reafirmó su creencia en el poder de la comunidad y la colaboración. 

Porque sin intensidad y sin amor, es muy difícil cambiar las reglas del juego.

Nati cosechando

Historias

Marti de Marcos – Limpiando el Mundo

Marti limpiando una playa

¿Qué es la impotencia?

Para Marti de Marcos, de Limpiando el Mundo, la impotencia fue lo que la llevó a tomar acción. Con la meditación como herramienta fundamental para el despertar de la conciencia, Martina, de 27 años, decidió crear una ONG que concientiza sobre el problema del plástico y las acciones para evitarlo.

Como tantos otros, Marti es una emigró de Argentina. Ahora vive en Australia, país que reconoce como su lugar. Con el primer problema que se encontró al llegar a la tierra de los canguros, fue con que no encontraba espacios para dar.

Estudiando, conoció que había un grupo de gente que limpiaba las playas.¡Bingo! Ahí empezó a relacionarse con la problemática. Al encontrar que existía mucha información sobre la basura, pero que no estaba difundida, se enojó y quiso hacer algo para crear conciencia, para despertar.

Se fue a Panamá a hacer una pasantía en la ONU donde siguió capacitándose y empezó a dar charlas en distintas instituciones. Algo pasó en esos 6 meses de pasantía. Un colegio, una alumna, estar en el lugar perfecto en el momento indicado. Eso fue lo que impulsó a un legislador panameño a promover la ley que prohibiría las bolsas plásticas en el país a partir de enero 2018. El impacto era real. Las charlas estaban despertando conciencia.

De vuelta en Aus., seguía pensando en cómo seguir difundiendo el mensaje. Así que dejó todo otra vez y se fue 9 meses a recorrer latinoamérica dando charlas de concientización ambiental en instituciones. Al mes de arrancar la travesía, Bono, su novio, se sumó al proyecto buscando un cambio en su vida. 

Recorrieron 11 países, visitando más de 170 instituciones.

De todas las experiencias que vivió Martina, hay una que le humedece los ojos: estaba en Bocas del Toro (Panamá) y llevaba 8 horas dando charlas a 1000 alumnos. Al final de día, uno de los nenes, se escurre y corre hasta sus brazos para despedirla. Se fundieron en un abrazo que no necesitó palabras. Era la recompensa, el impacto. La emoción traspasa la pantalla, y me dice: “ahí entendí, que lo más importante, es el amor.” 

Marti encontró en el problema del plástico una excusa para dar, y en el dar, una manera de hacer de este mundo, un mundo más amoroso.

Martina dando una charla sobre el impacto de los plásticos en los océanos